50 locas de Grey

Cortó la mano derecha de Grey con maestría, con la precisión de un cirujano. El muñón comenzó  a sangran enseguida, casi antes de que fuera consciente del dolor. 

Ella se la acercó a sus sexo, no le importó demasiado la sangre, tenia el periodo en esos días, y comenzó a frotar su clítoris con los dedos, todavía calientes, de su victima.

Grey se mantenía consciente, a pesar del calvario que suponía la herida abierta. Se aferraba a la esperanza de que pronto se desmayaría por la pérdida de sangre. Le repetía a su corazón que bombeara más rápidamente, pero parecía no hacerle caso.

Mientras tanto, reclinada sobre un diván, ella seguía utilizando su mano tan diestramente como lo hiciera él en la mejor de sus noches de lujuria.

- Oh cariño, ¿lo sientes como yo? - repetía ella sin parar.

La soledad del demente

Coordenadas: Calle Kuphor, 12. Toledo. Restaurante "Matzumuto". 21:00h.

- ¿Ha visto la carta? ¿Quiere pedir ya? - el camarero le miraba sonriente.

- Creo que sí. He visto que sirven salsa de rocoto.

- Efectivamente señor.

A pesar de que su español era perfecto, el fuerte acento japonés del camarero le contrariaba. Estaba sacandole de sus casillas, aunque hasta el momento tenía controlados sus tics. Se apresuró a pedir la cena para perder de vista a Yamato, el cual llevaba escrito su nombre en una tarjeta clavada en la pechera.

El banquete


Creedme si os digo, que siquiera Júpiter, portador de la égida, hubiera construido tan monstruosa obra. Las paredes tiemblan bajo los pies de una plebe, que está deseando mi muerte. Cándidas almas que olvidan sus míseras vidas durante unas horas disfrutando del sufrimiento ajeno. El emperador los distrae con juegos auspiciados por Marte. Y estoy yo bajo sus pies, bajo los muros de esta colosal obra del hombre, que aloja cincuenta mil gargantas en sus escalones de piedra. 

Fui arrancado de mi patria, donde fui rey. Pertenezco a un linaje que comenzó antes de que Saturno gobernara a los Dioses, y sin embargo, he sido reducido a la esclavitud, y en el día de hoy me darán muerte. 

Este imperio insalubre, que toma lo que le place, irrumpió en mi vida y la corrompió. Conocí entonces el desierto, el agua salobre del mar, los verdes y fértiles campos, y finalmente la oscuridad de la mazmorra. En las tinieblas he estado esperando mi momento. Pero antes de entregar mi vida, regaré la arena con la sangre de mis enemigos y arrojaré sus vísceras, todavía palpitantes, a los pies del altivo emperador.