El viaje de un astronauta afortunado.

-¿Puedes creerlo? Han sorteado un viaje para viajar a Marte. ¿Qué clase de broma es esta? Antes los requerimientos para realizar viajes espaciales eran altísimos. Y ahora vale menos que un billete de autobús.

-Venga papá, no te enfades por eso. Los tiempos cambian. Ese hombre no habrá tenido más que abrocharse el cinturón y disfrutar de las vistas. Habrá otros dirigiendo la nave.

-¡¿Abrocharse el cinturón?! Seguro que no sabe ni subirse la bragueta.

-Está bien papá, es un inútil, pero no tiene la culpa de nada, tan solo ganó un sorteo.

Robert Oswald se levantó de la mesa refunfuñando, estaba muy contrariado con el proceder de la agencia espacial. Si fuera más joven, iría a la oficina de Donnald Thavaud, en persona, para partirle los dientes. "Maldito burócrata del demonio", siguió refunfuñando.

-Ven papá, que ya ha conectado la televisión para retransmitir la llegada a Marte.

Robert se sentó junto a su hijo. Su rostro era de evidente disgusto, pero no quiso decir ni una sola palabra más. No quería estropearle la tarde a John. Las imagenes mostraban alternativamente el interior de la nave y una panorámica del planeta rojo desde el espacio. Era espectacular visto desde tan cerca. Poco a poco se iba haciendomás grande, hasta que sobrepasó el ancho de la pantalla. Ya se podían distinguir las cordilleras marcianas, los cauces secos de los ancestrales ríos, que en algún momento remoto, quizás albergaron vida. La nave se posó suavemente sobre la tierra rojiza. Una compuerta de la nave se abrió. Transcurrieron todavía unos segundos antes de que una figura humana asomara por la escotilla. Con movimientos torpes descendió la escalerilla de la nave hasta posarse en tierra firme.

El hombre, que vestía un traje espacial color beig, dio  varias vueltas sobre sí mismo intentando orientarse.

-Allá voy. Deseadme suerte - dijo a través de la radio del traje.

Robert seguía guardando silencio, pero estaba a punto de explotar. Ese hombre era un pardillo, habían enviado a un perro a la guerra. Entonces sonó el timbre.

-Anda John, ve a abrir la puerta - dijo Robert con voz taciturna.

John se levantó y corrió hasta la puerta. Pulsó el botón de apertura y esta se desplazó hacia la derecha.

-Buenas tardes John - dijo el recién llegado.

-¡Papá! ¡Es el hombre del cohete! - gritó John a su padre.






0