El autógrafo

No esperó a que la película terminara para abandonar la sala. Estaba enfurruñado. Era un gran cinéfilo, pero las producciones modernas no le satisfacían, añoraba los viejos tiempos. El cine clásico era su verdadera pasión. Casi a diario visionaba una y otra vez viejas cintas. Quedaba absorto por la historia, y la paladeaba como un verdadero sibarita.

Al abandonar la sala, entre quejas de los espectadores de su fila, se detuvo  ante un tablón que anunciaba los próximos estrenos. No tenía grandes esperanzas en encontrar algo interesante.

Pero su suerte había cambiado por una vez. El mal humor se transformó en ilusión al ver aquel rostro. Tras cincuenta años de ausencia, su actor favorito, volvía a aparecer en una película. ¡Era increíble! Su corazón comenzó a golpearle desde su interior tan fuerte, que creyó que terminaría por romperle los huesos. Anotó a fuego en su memoria el día del estreno. Aquel día sería especial, sería un día que recordaría para siempre. Después de todo, la tarde no había ido tan mal. Ya ni siquiera recordaba el título del bodrio que había dejado a mitad en la sala número seis.

Tuvo que sobornar a alguna gente, pero consiguió una entrada para la premier de la película. Sería un viernes por la noche, y estaba anunciada la presencia de varios actores, entre ellos William Malik. Era uno de sus ídolo de la infancia. Quizás pudiera conocerlo, La sola idea de poder estrechar su mano le hacía estremecer.

Cuando terminó la proyección, estaba decepcionado con el papel que había interpretado Malik. Tantos años esperando verle de nuevo en una película, y tan solo había aparecido en dos escenas. Se habían aprovechado de su nombre para vender más entradas. Estaba realmente molesto con aquella situación

Pero no todo estaba perdido. Buscó entre el público al viejo actor, que debía de contar ya con más de ochenta años. Su pelo blanquecino destacaba entre el resto, sentado en las primeras filas. Cuando lo tuvo localizado comenzó a sortear obstáculos, acercándose un poco más a cada paso. Entonces Malik se levantó y camino hasta un pasillo que quedaba a la derecha de la sala. Intentó acelerar el paso, pero la muchedumbre se lo impedía, y terminó perdiendo de vista al actor.

Al llegar al pasillo por el que había desaparecido William Malik, comenzó a recorrerlo con premura. Fue comprobando que todas las puertas estuvieran cerradas con llave, para asegurarse de que debía seguir avanzando por el pasillo. Este terminaba tras un pequeño giro a la derecha en unos aseos públicos. Comenzaron a sudarle las manos. Tan solo una puerta se interponía entre él y su admirado actor. 

Empujó la puerta y entró con cautela. Oyó el correr del agua de un grifo abierto, volvió la cabeza y lo encontró. El viejo Malik estaba secándose las manos. Se acercó a él  con un papel y un bolígrafo, que había sacado de un bolsillo trasero del pantalón. Ambos se quedaron inmóviles frente a frente, como dos estatuas de piedra. Malik fue el primero en reaccionar.

-Oh, disculpa, ¿quieres un autógrafo? - dijo sorprendido, su voz era chillona, desagradable al oído humano - Ya no estoy acostumbrado esto. Me sorprende que todavía alguien me recuerde, y más alguien joven como tú.

El rostro de Oliver se transformo por completo, William Malik era un farsante, uno más en su particular lista de decepciones. Cuando el cine mudo dio paso al sonoro, el actor abandonó el cine. Oliver siempre había creido que lo había hecho porque era mudo. Ahora conocía la verdad, su voz era tan desagradable como el graznido de un ave carroñera, pero perfecta para avivar el odio ardía en el interior de su alma.

Acarició el cuchillo que siempre llevaba en el bolsillo de chaqueta. Había llegado el momento de que William Malik guardase silencio para siempre.

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