La cena esta servida

Vi una gran hilera de hormigas avanzando pegada a la pared de la casa. Eran unas hormigas enormes. Había tal densidad de hormigas que casi podía sentir la gravedad que generaban. Seguí la columna con la mirada hasta que torcía la esquina. La curiosidad quiso que averiguase a donde se dirigía aquella multitud, sin duda, debía ser algo importante. Caminé unos cinco minutos y terminé por alcanzar a los líderes de la marcha. Fue entonces cuando comprendí. Las hormigas me seguían a mi.


1º Concurso "Microrrelatos: Tierra de musas" - Círculo de escritores

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