Preso

Todo en Él me resultaba repugnante. Su grotesco cuerpo, sus gruñidos y su cara recubierta de pelo. Me mantenía encerrado desde hacía una semana en esta celda inmunda y sin ventanas. Apenas si podía ver a dos pasos de distancia, la comida era insufrible y estaba perdiendo peso muy rápidamente. No sabía por cuánto tiempo podría soportarlo.
Había bajado de mi vehículo después de un largo viaje. Me apetecía dar un paseo y disfrutar de aquella estupenda noche estrellada. Así que, me detuve y comencé a andar por el bosque. Al poco tiempo, tuve la sensación de sentirme observado. Pensé que se debía a la sugestión, al fin y al cabo, había sido cuidadoso, me encontraba en un bosque en plena noche, y no había signos de civilización en kilómetros a la redonda. De repente, oí un crujir de ramas y me di media vuelta. Después, solo recuerdo un fuerte dolor de cabeza.

Me desperté en una camilla, mi cuerpo estaba paralizado. Solo podía asistir horrorizado, como un mero espectador, al sin fin de pruebas a las que estaba siendo sometido. Tenía varias sondas introducidas en el cuerpo, y una luz cegadora, me iluminaba desde una lámpara colgada del techo de la estancia, impidiéndome ver con claridad a mis captores. Después, simplemente, volví a perder el conocimiento.

Cuando desperté, ya estaba en aquella maldita celda, condenado a una muerte segura si nadie venía a rescatarme. Juré odio eterno a aquellos monstruos.

Inesperadamente algo me sacó de mi letargo. Estaba pasando algo ahí fuera. A través de la puerta principal, se colaban algunos destellos de luces azules y rojas. Se produjo un fuerte golpe. ¡Habían derribado la puerta! Oí unos pocos disparos, finalmente, todo quedó en silencio.

Al fin, se abrió la puerta de la celda y pude entrecruzar los tentáculos con mis compañeros. Fuera, tendido en el suelo, se encontraba el humano que me había capturado.
0