Ocho horas

   
   Fui obligado a regresar al trabajo. Caminé a través de un pasillo largo y estrecho, de paredes grises y sucias. Un par de tuberías metálicas, pintadas de rojo, trascurrían pegadas a la pared como si indicasen el camino a seguir a los trabajadores.

   De pronto me fui consciente de que estaba rodeado de gente mal encarada, que tenía a su alcance  sierras, cuchillos, mazas y clavos.

   Alguien toco mi hombre y me sobresalté. Lo hice sin querer, pero mi encargado terminó con un clavo en la garganta. Un chorro de sangre regó mi rostro como si fuera césped sediento. Era cálida y sentí cierto placer depravado cuando se deslizaba hacia mi cuello, como un torrente de agua y barro.

Leyenda de un deceso

    

    Era casi media noche cuando apareció la figura de un hombre arrodillado junto a una tumba reciente. De la bruma que rodeaba el cementerio escapaban los sollozos marchitos de la soledad. Fidel era consciente de su desesperada situación. Ahora que se había hecho pública su condición sexual nadie le contrataría, su carrera como arquitecto había terminado, y lo que era todavía peor, no estaba capacitado para ejercer ninguna otra profesión.   
    Sus ahorros se evaporaron en pocas semanas como el agua de un charco, y se vio abocado a la mendicidad para poder sobrevivir. Fueron meses de frío en los huesos y rugidos en el vientre, hasta que un día su suerte cambio.

Junto al muelle


    La vida puede ser tan monótona unas veces, y otras cambiar tan rápido, que nos pilla a contra pie. Esta tarde estoy aquí, junto al muelle, esperándola. Esperando volver a ver esa sonrisa dulce que le dibuja dos hoyuelos en esa cara plagada de pecas.

   Esta mañana Pedro, un compañero de clase, un abusón de manual, me tenía agarrado por las solapas de mi cazadora. No le gustaba como la había mirado. Pero Pedro no es ni siquiera su novio, aunque eso para un matón tampoco importa demasiado. Ella cruzó el pasillo y nos miró. Pedro me soltó. Vi como enrojecía por la vergüenza, hasta un engreído como él sabía que ya no tendría ninguna oportunidad con ella.

Alma

 
    Ayer cuando la vi, creí descubrir en sus ojos un grito de socorro. Fue algo tan nimio e inconsistente que culpé de ello a mi siempre inquieta imaginación. Más tarde el extraño brillo de aquellos ojos volvió a visitarme, esta vez en la placidez de mi hogar. No quiero decir que me visitase ella, fueron tan solo sus ojos. Sentí su mirada clavada en mi nuca, como un puñal amenazante, y sin embargo, no irradiaban odio ni maldad. No salía de mi asombro ¿Cómo podía ver sus ojos si estaban detrás de mí?

El bosque

    
 

    Hugo corría campo a través huyendo de la pandilla de Toni. Las ramas bajas de los árboles le azotaban el cuerpo y la cara cada pocos metros.  Desorientado y falto de aliento se detuvo en medio del bosque para recobrar fuerzas. Se dio cuenta de que ya no escuchaba más que el latido de su corazón, era como el retumbar de un tambor en una cueva. Afinó el oído intentando aislarse de aquel sonido ensordecedor. Distinguió el canto de algún pájaro que no supo identificar, tal vez alguna liebre escarbando una madriguera, pero nada que se le pareciese a un grupo de preadolescentes en plena cacería.

Abnegación


Entré en aquel bar atraído por su tenue luz. Aquella noche había salido buscando algo de aventura. Deseaba encontrar una de aquellas mujeres que tantas veces había descrito en mis novelas. Los buenos tiempos del cine negro terminaron muchos años atrás, pero yo les había echado el ancla para que no se alejaran. Cada día martilleaba el papel intentando recogerla, pero cada día sentía como la soga se escurría entre mis dedos ensangrentados.

Recopilación de relatos

Ya está disponible para descargar de forma gratuita la primera recopilación de relatos de este blog. Espero que os guste.


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Espere su turno


    Cientos de personas se apiñaban en la sala de prensa del Ministerio de Igualdad.  Había hombres nerviosos, decididos, recelosos. Juntos conformaban una amplia paleta de sentimientos y estados de ánimo. Lo único que no había aquella mañana de enero en la sede del ministerio eran mujeres.
    No tardaron en aparecer cuatro personas vestidas con uniforme. Dos hombres y dos mujeres, de acuerdo con las estrictas normas ministeriales. Tomaron asiento y esperaron pacientemente a que el silencio se adueñara de la sala.
    ─Buenos días a todos y todas las presentes ─ comenzó diciendo la mujer que estaba sentada más a la derecha.
    ─En cumplimiento de la ley vigente haremos público ─ añadió el hombre sentado a su izquierda.
    ─El censo poblacional del estado a fecha de ─ prosiguió la mujer que se sentaba en la silla vecina.
    ─Treinta y uno de diciembre es el siguiente ─ concluyó el hombre que ocupaba el extremo derecho.

Cementerio de animales


1

    La campanilla tintineó al abrirse la puerta de la tienda. Las pajareras se agitaron lanzando una nube de plumas y graznidos. En el umbral apareció un niño de unos nueve años. Era bajo para su edad, vestía pantalón corto, y tenía las rodillas manchadas de barro.
    ─¿Qué te trae hoy por aquí?
   ─Hola señor Tibli, quería comida para Obispo. He estado buscando algún bicho que darle en el parque, pero no he encontrado nada ─ dijo encogiéndose de hombros.
    ─Estupendo, tengo unos grillos por aquí detrás que seguro que le gustarán. Me los trajeron ayer por la tarde, así que todavía son casi salvajes.
    Tomi ya no le escuchaba, se había acuclillado frente a una vitrina que formaba parte del mostrador. Alumbrados por una luz verduzca había tres insectos que no había visto jamás. Eran extraños de forma sutil. Tal vez por su color, algo más brillante de lo habitual en un insecto, o por la forma de su cuerpo, más alargada que la de los escarabajos comunes.